Ya descansaré luego: la trampa que me llevó a una cama de urgencias
¿Tu mantra es 'ya descansaré cuando lo consiga'? Cómo la productividad sin límites me llevó a urgencias y la pregunta que ahora protege mi descanso.
Shirly Nowak
Hubo un año en mi vida en que desayunaba delante del ordenador.
Comía delante del ordenador.
Cenaba delante del ordenador.
Y cuando no estaba delante del ordenador, estaba trabajando en un hospital veterinario con turnos de hasta 21 horas y guardias nocturnas.
Llegué a trabajar hasta 80 horas semanales, durante un año entero.
Y lo peor no fue eso.
Lo peor fue que a la Shirly de entonces le parecía bien 🤦♀️
Le gustaba lo que estaba construyendo y tenía un objetivo claro: dejar su trabajo y vivir de su proyecto digital.
Y claro… esa meta tan clara ya le daba permiso para ignorar todo lo demás.
Como que los fines de semana no existían. O que cuando alguien le preguntaba “¿cómo estás?” ella decía “bien, muy liada” con una sonrisa fingida.
Mi mantra entonces era: “ya descansaré cuando lo haya conseguido.”
Pero doble spoiler: ni el cuerpo espera a que lo hayas conseguido, ni sirve de nada llegar rota.
Esta lección la aprendí en una cama de urgencias.
El Ruido
La trampa del “ya descansaré luego”
Lo curioso no es que me pasara.
Lo curioso es que lo elegí conscientemente.
Porque decirse “ya descansaré cuando termine” no parece una trampa.
Parece responsabilidad, compromiso y que estás haciendo exactamente lo que hay que hacer.
Nos obsesionamos tanto con llegar (con el resultado, el objetivo, la meta) que nos olvidamos de que hay un camino. Y que ese camino lo recorres tú con tu cuerpo, tu energía y lo que puedes dar cada día.
No aprendemos, ni nos damos cuenta cuando nos advierten, de que nos estamos pasando.
Solo lo hacemos cuando la vida nos para. Porque nosotras solas no sabemos parar.
Yo solo paré cuando no me quedó otra.
Cuando una lumbalgia que no remitía con nada me llevó a verme acostada en una cama de urgencias, y con un gotero en vena.
Ahí aprendí que exigirte tanto no te hace más productiva. Te hace menos, mucho menos.
Y que mi cuerpo no era un obstáculo entre mi proyecto y yo.
Era el vehículo.
Un vehículo que no llega a ningún sitio si no le echas gasolina.
La Calma
La pregunta que me hago antes de sacrificar mi bienestar
Antes de saltarme cualquier cosa relativa a mi autocuidado, me hago una pregunta:
¿Eso que quiero hacer es realmente urgente e importante, o solo me lo parece?
Y para responderla uso una herramienta que se llama la matriz de Eisenhower, donde colocas y clasificas tareas según importancia y urgencia:

- Cuadrante 1 — Urgente e importante. Las tareas “hazlo YA”. Una entrega con deadline inminente, una emergencia con un cliente. Estas tareas justifican ajustar el plan y sacrificar alguna cosa.
- Cuadrante 2 — Importante pero no urgente. Tu mayor tesoro. Aquí está tu crecimiento, tus proyectos de impacto… y también tu salud. Es fácil posponerlo porque nadie te lo exige, pero también son tareas que importan.
- Cuadrante 3 — Urgente pero no importante. Todo lo que parece urgente pero no te acerca a nada. Como responder ese email que puede esperar o esa reunión que podría ser un mensaje.
- Cuadrante 4 — Ni urgente ni importante. Tareas que sigues haciendo por inercia, por costumbre, o porque en algún momento tuvieron sentido pero ya no.
Quizás ahora estés pensando que menuda chapa digna del último gurú de productividad te he soltado.
Pero espera que ahora viene el plot twist.
Yo aprendí a aplicar esta matriz para decidir si algo justifica saltarme mi descanso.
Y casi nunca lo que estoy haciendo está en el cuadrante 1.
Casi nunca es una emergencia.
Y casi siempre puede esperar 😉
Te toca
Esta semana, antes de saltarte cualquier momento de autocuidado por trabajar, para y responde:
¿Esto es realmente cuadrante 1, o solo me lo parece?
Si la respuesta es no —que casi siempre lo es—, protege tu descanso como protegerías una reunión importante.
Porque lo es.
Yo necesité un año de mi vida, una hospitalización y muchos meses de recuperación para aprender esto.
Tú no tienes que llegar tan lejos.
Y si cuando consigues parar te invade la culpa, lee la mochila de culpa — porque descansar no es fracasar.
Si lo que necesitas es organizarte antes de desconectar para poder soltar de verdad, prueba el ABC de las prioridades.
PD: Mientras recordaba a la Shirly de aquellos años he pensado que si ella hubiese leído esta newsletter, hubiese pensado algo como: “vale, sí, muy bonito todo, pero yo no tengo tiempo para estas cosas.”
Y creo que le hubiese respondido algo como: “Ya, ese justamente es tu problema.”
Si tú también has dicho esa frase alguna vez, responde a este mail y cuéntamelo. Te contestaré personalmente y me ayudarás a entenderte mejor y a escribir newsletters que de verdad te sirvan.
Cuida de tu cuerpo. Es el único lugar en el que puedes vivir. — Jim Rohn
Un abrazo con calma y alma,
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