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Planifiqué la noche perfecta. Spoiler: nos quedamos fritos

Qué pasa cuando te aferras al plan que ya no toca, y por qué separar la ilusión de la expectativa te salva de hundirte cada vez que la realidad no coincide con lo que imaginaste.

Shirly

Shirly Nowak

Me pasé toda la semana pasada con la maleta de la ilusión hecha antes que la de la ropa.

Tenía clarísimo cómo iba a ser esa primera noche de nuestra escapada: la infusión calentita entre las manos, el juego de mesa de siempre —el mismo de hace años, con las fichas ya gastadas de tanto usarlo— y nuestra lámpara de camping iluminando la mesa mientras alrededor todo se iba apagando poco a poco.

Hacía casi un año que no hacíamos camping. Y esa noche, específicamente esa, la había estado visualizando toda la semana.

El viernes nos subimos a la furgo y cogimos carretera. Una de esas repleta de curvas que no acaban nunca pero con paisajes que casi —casi— compensaban el tremendo mareo.

Y así llegamos al camping… con el cuerpo hecho puré.

El señor CalmActivo mirándome con los ojos entrecerrados desde el asiento del copiloto. Y yo agarrada al volante como si fuese lo único que me mantenía en pie.

Montamos nuestro campamento base casi en piloto automático y nos sentamos “un segundo” antes de preparar la infusión.

Pero ese segundo duró hasta el día siguiente.

El Ruido

Cuando te aferras al plan que ya no toca

Esto no me pasa solo en el camping.

Llevo años haciendo lo mismo. Planifico el tiempo libre con la ilusión de cómo quiero estar, no con la realidad de cómo voy a estar.

Decido de antemano el ritual, la escena y hasta el último detalle —es lo que tiene ser una control freak de manual 😒

Y claro. Cuando llega el momento, la realidad se planta delante. Y yo sigo ahí, aferrada al plan de hace una semana, como si soltarlo fuera fracasar.

Puede que a ti también te suene. No hace falta que sea un camping. Puede ser cualquier ratito que te prometes —para ti, tu proyecto o lo que sea— y que llega distinto a cómo lo imaginabas. Pero en vez de adaptarte, te empeñas en que sea exactamente como estaba en tu cabeza o si no… no servirá para nada.

Yo el viernes por la noche apagué la lámpara. El juego de mesa no salió de mi maleta. Y toda esa ilusión que había cargado durante una semana entera se quedó ahí, esperando a un plan que simplemente ya no tocaba.

La Calma

Cuando rebajas las expectativas, que no la ilusión

Hace tiempo encontré la manera de sostener todo esto que te cuento sin hundirme cada vez.

Separo la ilusión de la expectativa.

La ilusión la dejo intacta: sigo emocionándome cada domingo por la noche pensando en todo lo que haré la semana que viene.

“Fua… me dará tiempo a hacer X, Y, Z”.

Esa parte no la toco, porque es lo que más me motiva a sentarme con ganas cada lunes.

Pero lo que sí suelto es la expectativa.

Ya no me pregunto “¿cumplí el plan?”, me pregunto “¿avancé?” y no me marco mínimos: puede que un día avance un X entero, o medio X, o un trocito ridículo de X. Me da igual.

A la mañana siguiente, y con el cuerpo por fin descansado, hicimos varias rutas y pasamos un día maravilloso en tierras burgalesas.

No hubo infusión ni juego de mesa, pero sí hubo esto:

Junto al puente medieval y el río en tierras burgalesas

Te toca

Esta semana, antes de empezar algo que te haga ilusión, dite estas dos frases:

“Esto me hace ilusión… Pero no sé cómo va a ser.”

Las dos. No vale solo con la primera.

¿Qué tienes planeado para esta semana que, en el fondo, ya sabes que no va a salir como lo has imaginado?


El domingo por la tarde, de vuelta en casa, jugamos al juego de mesa.

En nuestro salón, sin parcela, lámpara de camping ni atardecer, pero con la misma ilusión de siempre.

Porque hay tradiciones que no deberían perderse. Aunque lleguen tres días tarde y en el sofá en lugar de bajo las estrellas.

PD: La partida del domingo la gané yo. Y, aunque no soy nada competitiva, confieso que sentí casi la misma euforia que los miles de personas que celebraron que España ganó el mundial. Casi.

No busques que los acontecimientos sucedan como deseas, sino desea que sucedan como suceden y vivirás en paz —Epicteto

Un abrazo con calma y alma,

Shirly

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