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Llevo 8 años y sigo sintiéndome una impostora

¿Mides tu autoridad por los años de experiencia o el número de clientes? Por qué el síndrome del impostor no se cura con más currículum, aunque tengas pruebas de sobra de lo contrario.

Shirly

Shirly Nowak

Este finde fui a un evento de yoga que organizaba un estudio nuevo, uno que no conocía.

Cambio de aires, me dije, me sienta muy bien salir de la rutina de vez en cuando 😊

Llegué y vi las esterillas sobre la hierba, la montaña al fondo, un silencio que solo se rompía por los pajarillos que revoloteaban ese precioso lugar… Todo pintaba así de bien.

Esterillas de yoga al aire libre con la montaña al fondo

Pero fue comenzar la práctica y sentí que no estaba conectando con ella como de costumbre.

Algo no terminaba de encajar.

Luego, mientras tomaba la infusión del desayuno que sirvieron después junto a la profesora, seguí dándole vueltas.

Buscaba un calor, una cercanía, una energía que sí sentí desde el primer minuto con mi profesora habitual.

Y que simplemente el sábado no encontré ahí.

Así que hice lo que hacemos siempre: buscarle una explicación. Y la mía fue esta: esta profe lleva menos años, seguro que es por eso.

Como si los años fueran lo que te da autoridad para practicar algo. Y no el que tú vivas alineada con lo que practicas.

Y fíjate tú, qué gracia esto… Porque yo llevo 8 años emprendiendo, y todavía, a día de hoy, aún tengo días en los que siento que no estoy alineada.

El Ruido

El currículum que nunca es suficiente

Como me pasó esta semana.

Estaba definiendo los paquetes de servicios para mi negocio freelance, concretamente escribiendo el beneficio que alguien obtendría trabajando conmigo.

Y ahí me quedé.

Porque comprometerme a ese resultado significaba, en mi cabeza, tener ya decenas de clientes grandes que demostraran que puedo cumplirlo.

Y no los tengo.

Llevo 4 años haciendo esto, pero mi lista de “clientes importantes” no es la que creo que debería tener para atreverme a prometer nada.

Vas a vender humo, me dijo la vocecita. Vas a prometer algo que luego no vas a poder dar.

Y aun así seguí escribiendo. Con dudas y sin lanzarme del todo, pero seguí.

Ahí está ese patrón, el mismo de la clase de yoga: medir mi propia autoridad por el currículum —años, número de clientes, tamaño de los proyectos—, en vez de por si de verdad estoy alineada con lo que ofrezco.

Y si a ti también te pasa esto —si llevas tiempo dándole vueltas a un servicio, una oferta, un proyecto, y la vocecita te dice que primero necesitas “más” (más experiencia, más casos de éxito, más credenciales) antes de comprometerte—, bienvenida al club.

No es que te falte currículum. Es que no estás mirando hacia lo que te haría sentir con derecho a avanzar.

La Calma

Lo que sí puedo demostrar

Cuando dudo me apalanco en la Shirly de hace años.

Aquella que, el día que un cliente le dijo “vamos a crear una comunidad online”, se puso a hacer cursos, a leer libros, a devorar todo lo que pillaba.

Sin que nadie se lo pidiera. Simplemente porque le apasionaba la idea.

Una idea que estaba profundamente alineada con quién era y qué quería ofrecer.

No sabía nada de comunidades. No tenía casos de éxito que enseñar. Pero tenía eso.

Y mirando atrás, lo que construyó no vino de los años ni del currículum que aún no tenía. Vino de ahí —de estar alineada con lo que hacía.

Así que ahora, escribiendo mis paquetes de servicios, me repito esto: si aquella Shirly, sin saber nada, pudo construir esto, esta Shirly con 8 años de experiencia detrás también puede lanzarse aunque no sea perfecto.

No necesito la lista enorme de clientes para demostrar que puedo cumplir lo que prometo. Necesito seguir alineada con lo que ofrezco. Eso es lo único que de verdad se sostiene.

Te toca

Así que me gustaría hoy dejarte con esta pregunta:

¿Qué estás esperando tener para sentirte con derecho a empezar?


PD: Lo que sí o sí me llevé de esa clase de yoga fueron las agujetas del día siguiente. Ahí el cuerpo no entiende de alineación ni de currículum 😅

Lo que haces habla tan alto que no puedo oír lo que dices —Ralph Waldo Emerson

Un abrazo con calma y alma,

Shirly

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