Lo que llevo años manteniendo "por si acaso"
Por qué pagué durante años un dominio que nunca usé, y lo que por fin me ayudó a soltar todo lo que mantengo abierto por si acaso.
Shirly Nowak
La semana pasada por fin dejé caducar uno de mis dominios.
Lo había comprado hace ya algunos años con la intención de crear un blog sobre gatos, obviamente 😅 Pero en todo este tiempo no había llegado a escribir ni 4 posts en ese blog, ni había creado sus redes sociales ni nada… Esa web directamente nunca vio la luz.
Lo único que he ido haciendo cada año ha sido pagar rigurosamente 15 euros por no perder el dominio, y aun así… decir que no renuevo, soltarlo y decidir que no lo voy a sacar adelante nunca, me ha costado años.
El Ruido
Cuando confundo “por si acaso” con un plan
Cada año, cuando llegaba el aviso de renovación, hacía lo mismo. Miraba el importe de 15 euros. Pensaba “total, es una tontería, lo renuevo y ya está” y lo pagaba. Nunca me paraba a preguntarme si en ese año había dedicado algo de tiempo a ese proyecto. Y la respuesta era siempre la misma. No. Cero patatero. Siempre pensaba “lo pago para cuando lo haga”. Ilusa de mí.
Mi primer error fue convencerme de que 15 euros era una excusa razonable para no decidir.
Y mi segundo error fue llamar “todavía no” a algo que llevaba años siendo, en realidad, “nunca”.
Pero es que resulta que este patrón iba más allá del dominio: todas las cosas que dejo abiertas “por si acaso” como esa app que no borro o un curso que tengo a medias. Cuestan poco de mantener, por eso nunca las cierro. Y por eso siguen ahí todas, ocupando un rincón remoto dentro de mi cabeza en el que debería haber espacio para otras cosas más importantes.
¿Y a ti, cuántas cosas abiertas tienes ahora mismo en la mente pero solo están ahí porque cerrarlas cuesta menos que decidirte de una vez a soltarlas?
La Calma
Las cinco cosas que sí importan
Cuando por fin dejé caducar el dominio, me sorprendió lo poco que dolió. El dolor se había manifestado en los años anteriores, en esa pregunta sin cerrar de “ya haré este proyecto… cuando tenga X (sustituye por lo que más te falta ahora, ya sea tiempo, energía, ganas…)”.
Pero la decisión en sí de no renovar no me dolió ni un ápice, de hecho fue lo más tranquilo de todo el proceso.
Ahí entendí algo que llevaba tiempo sin querer aceptar: cuando una decisión se vuelve irreversible, la ansiedad desaparece, porque solo queda un camino: el camino hacia delante, hacia las consecuencias de lo que decidiste. Ya no hay nada que vigilar, ni nada que mantener abierto “por si acaso”.
Lo que hago ahora, cuando noto que tengo demasiadas cosas abiertas a la vez, es un ejercicio muy simple: hago una lista de todo lo que en teoría quiero hacer (profesional, personal, todo mezclado) y me obligo a marcar solo las cinco que considero de verdad prioritarias. Las demás no las dejo para “cuando tenga hueco” sino que las evito activamente, aunque me sigan tentando, porque sé que si les hago sitio, es a costa de las cinco que sí importan.
Te toca
Piensa en una sola cosa que llevas tiempo manteniendo abierta “por si acaso” (puede ser una suscripción, un curso a medias, una idea que ya sabes que no vas a sacar adelante…) y decide, aquí y ahora, si la sueltas del todo o la conviertes de verdad en una de tus cinco prioridades.
¿Cuál es esa cosa que ya sabes que toca cerrar, aunque todavía no te hayas atrevido?
Cuando ya no hay vuelta atrás, la ansiedad desaparece, porque ahora solo puedes avanzar en una dirección: de frente, hacia las consecuencias de tu decisión. —Oliver Burkeman, Cuatro Mil Semanas
Un abrazo con calma y alma,
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