5 horas libres, cero líneas escritas
Por qué medir tu productividad en horas te miente, y qué pasa cuando en vez de mirar el reloj miras tu energía disponible.
Shirly Nowak
Este finde he estado en un festival de música.
Pasé dos días con la furgo en modo campamento base y durmiendo menos horas de las que me gusta admitir.
El domingo mi plan era llegar, ducharme como Dios manda, y sentarme un rato a avanzar con esta newsletter.
Pero llegado el momento no era capaz ni de abrir el portátil. Estaba molida.
Venía de pasar dos días con estímulo constante, gente por todas partes, bailar hasta las tantas, dormir mal y fuera de casa, empaparme de cada detalle de la velada,…

No solo había agotado mi batería social. Es que me había drenado física, mental y hasta emocionalmente (porque a sensible y empática no me gana nadie).
Estaba drenada a unos niveles que rara vez alcanzo un domingo cualquiera.
Así que decidí no abrir el portátil, sacar un juego de mesa y pasarme la tarde jugando sin mirar el reloj ni una sola vez.
El Ruido
Cuando mides tu productividad en tiempo
El domingo tuve toda la tarde libre.
Y aun así, no fui capaz de escribir ni el primer párrafo de esta newsletter que estás leyendo.
Unas 5 horas libres y cero líneas escritas. Con esa cuenta, cualquier gurú de productividad me habría suspendido.
Sin embargo, el lunes tenía la agenda apretadísima. Y entre hueco y hueco logré escribir la newsletter entera en menos de hora y media.
¿Ves cuál es la trampa?
Solemos medir nuestra productividad mirando el reloj: cuántas horas tuve o “aproveché”. Pero el reloj casi siempre miente, porque yo el domingo tenía tres veces más tiempo que el lunes y aun así escribí cero líneas.
La Calma
Cuando mides tu productividad en energía
Lo que cambió no fue mi tiempo disponible. Fue mi energía disponible.
Esta semana no forcé el domingo. Lo dejé ser un domingo de sofá, sin pensar en newsletters.
Y antes de sentarme el lunes, en vez de mirar los huecos que tenía en la agenda, me hice tres preguntas:
¿Cómo tengo el cuerpo? ¿Cómo tengo la cabeza? ¿Cómo tengo las ganas?
Las tres estaban altas, recién recargadas después de parar de verdad, así que entre trabajo acumulado y reuniones, dejé que esa energía marcara el ritmo.
Y en esos ratos sueltos logré escribir la newsletter entera.
Te toca
Esta semana, antes de bloquear una tarea en tu agenda mirando cuánto tiempo tienes libre, prueba a hacerte estas tres preguntas primero:
¿Cómo tengo el cuerpo? ¿Cómo tengo la cabeza? ¿Cómo tengo las ganas?
Si las tres están bajas, cambia esa tarea de sitio, aunque tengas la tarde entera libre para hacerla.
Y si aunque sea una está alta, aprovéchala, aunque solo tengas veinte minutos sueltos.
PD: Por si te lo estabas preguntando, el domingo jugamos un Exit: un escape room de mesa de nivel bastante avanzado. Con la cabeza que llevaba, no se me resistió ni un puzle. ¡Se me resistieron casi todos! 😅 Fue la partida más larga que hemos jugado nunca. Aunque no por ello fue menos divertida.
La energía, no el tiempo, es la moneda fundamental del alto rendimiento —Jim Loehr & Tony Schwartz
Un abrazo con calma y alma,
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